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El fútbol por y para la clase obrera

Chantaje y cobardia

Posted by Internada en 10 agosto, 2011

Reproducimos a continuacion la siguiente opinion que refleja el diario deportivo catalan Sport, y que esta firmada por Manuel Moreno con fecha de 31 de marzo del presente año. Totalmente de acuerto, que empiecen a rodar cabezas, y si a los ciudadanos de a pie nos embargan sueldos y bienes por deudas muchisimo mas inferiores, con los clubes que suceda los mismo. O todos o nadie.


Chantaje y cobardia
Con una deuda que se acerca a los 4.000 millones de euros, el fútbol español se va a la guerra para conseguir que desaparezca el partido en abierto, el único que el aficionado que no puede -o no quiere- gastarse el dinero puede ver cada semana. Dicen los señores de la Liga de la LFP (Liga de Fútbol Profesional) que ello les supondrá 160 millones de euros más en la venta de los derechos televisivos y meten en el mismo paquete elementos tan diversos como las tradicionales quinielas y las novedosas apuestas por Internet. Con todo ello se encaran con el gobierno y le piden que actue porque de lo contrario pararán el fútbol, que ellos entienden que es lo mismo que parar el país. Y el gobierno actual, que no tiene nada que ver con la ley que obligaba a ofrecer un partido en abierto por el ‘interés general’ y que anda desbordado por problemas de mucha mayor enjundia mientras sus miembros tratan de mantener su sillón el máximo tiempo posible, se limita a las tibias reacciones de Alfredo Pérez Rubalcaba -“lo de la LFP no son formas; una ley no se puede cambiar de la noche a la mañana”- y de Jaime Lissaveztky -“ningún grupo presentó enmiendas para suprimir los partidos en abierto”-. Al evidente chantaje del fútbol se le responde con una clara cobardía, mientras que el aficionado asiste asombrado al detestable espectáculo que se ofrece fuera de los estadios de la que dicen es la mejor liga del mundo.

El chantaje del fútbol es lógico. Desde que con motivo del Mundial de España (1982) un plan de saneamiento que nunca cumplieron les permitió librarse de una deuda de 26.000 millones de pesetas (más de 156 euros de ahora), los clubs han hecho lo que les ha dado la gana sin que los distintos gobiernos que han mandado en España se atrevieran a extirpar el problema aplicando la Ley del Deporte, cuyo primer objetivo era transformar a la gran mayoría de entidades en sociedades anónimas para que actuaran como tales, es decir con el cierre de la sociedad -del club- si las pérdidas así lo indicaban. Pero como ningún político tiene la valentía de meterse en donde puede perder muchos votos -Felipe González ordenó en su día que Celta y Sevilla siguieran en Primera División tras un par de manifestaciones callejeras y cuando habían sido descendidos con toda razón y legalidad- el fútbol se ha creido por encima de gobiernos y leyes. Y ahí está. Amenazando sin ninguna vergüenza.

La cobardía del gobierno posiblemente solo la entienden los políticos porque valoran más los votos que la dignidad. Si un colectivo que te debe más de 600 millones de euros -cifra pendiente de ingresar por los clubs de Primera División en la Agencia Tributaria- te pide que actues, pues actua. Cumple la ley, abre inspecciones y ejecuta como se hace con cualquier empresa o con cualquier ciudadano que no haga frente a sus obligaciones. Alguien tiene que decirle a los dirigentes de los equipos de fútbol que hasta aquí hemos llegado, que su incapacidad está tan demostrada que si ingresan más dinero solo será para despilfarrar más y que se ha acabado su infinita capacidad para aumentar impunemente el endeundamiento. Que paguen lo que deben -están quitándole ese dinero a todos los españoles- y después que exigan esos porcentajes superiores a los actuales, algo que posiblemente les corresponda. Pero primero pagar. Y quien no lo haga, sea quien sea, a la calle para que el aficionado sepa -y ahí jugamos un importante papel los medios que tampoco hemos estado a la altura porque somos partidistas e incentivamos las teorias conspirativas- que la culpa no es ni de la ley ni del gobierno de turno sino de sus impresentables directivos.

El día que la dignidad esté por encima del chantaje y la cobardía, el fútbol habrá ganado el partido que casi nadie quiere jugar.

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