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El fútbol por y para la clase obrera

Samaranch fascista!!!!!!!

Posted by Internada en 2 mayo, 2010

Recientemente fallecia Juan Antonio Samaranch, y desde la LFP se impuso el minuto de silencio en los estadios de fútbol. En Iruña, que jugaba Osasuna contra el Athletic no se respeto, y lo mismo sucedió en el Camp Nou en el partido entre el Barça y el Xerez.

Este reconocimiento público venía motivado por la labor desempeñada por Samaranch al cargo del COI (Comité Olimpico Internacional), pero en Iruña y en Barcelona se recordó que este personaje tiene un oscuro pasado.

Lo que más rabia desató fue su ideología fascista y de apoyo al regimen franquista, apoyo del cual nunca ha mostrado rechazo ni arrepentimiento. Algo que por ejemplo no ha sucedido con personas vinculadas en su día a los regímenes de Hitler y Mussolini y que después formaron parte del COI, quienes siguiendo el “espíritu olímpico” de paz y confraternización entre los diferentes lugares del mundo, rechazarón lo que en su día apoyaron. El que con Samaranch no haya sucedido así hace que mucha gente recele del COI, y más si tenemos en cuenta que Samaranch es el máximo responsable del olimpismo moderno, ese que esta lleno de mercantilismo, televisiones, grandes dinerales invertidos en mil y un infraestructuras, y que deja al deporte en un segundo plano.

En su despedida muchos han alabado el que llevase los Juegos Olímpicos en 1992 a Barcelona, pero la falta de trasparencia en las cuentas hacen que lo que los organizadores tildasen de éxito desde fuera no se vea así. Se invirtió en torno a un billón de las antiguas pesetas, siendo más de la mitad dinero público. El ochenta por ciento fue destinado a la construcción y mejora de autopistas y accesos a la ciudad, ampliación del aeropuerto, regeneración del frente marítimo, equipamiento cultural y nuevos centros de comunicaciones. En los cuatro años anteriores se crearón 33.000 puestos de trabajo en la construcción, cifra baja si se tiene en cuenta que el dineral que fue a parar a las diferentes empresas constructoras representaba tres cuartas partes del billón mencionado. Y en el sector hostelero se crearón 20,000 puestos de trabajo, la inmensa mayoría fueron trabajos que durarón lo mismo que las olímpiadas, es decir dos semanas. Después llego la crisis, que ya la palpó Barcelona durante 1992. A nivel de comercio las ventas sufrieron un descenso respecto a años anteriores y por otro lado el millón y medio de turistas que llegarón a Barcelona era una cifra inferior respecto a la esperada en un inicio. Además Catalunya se resintió ya que la mayoría de turistas los absorvio Barcelona perdiendo turistas el resto de la zona.

La falta de transparencia y la corrupción han sido dos acusaciones frecuentes contra el COI durante el mandato de Samaranch. Por recordar uno de los casos más sonados fue lo sucedido en Salk Lake City, ciudad que organizo los Juegos Olímpicos de invierno del año 2002. Para empezar Samaranch pedia entre otras cosas siempre que visitaba dicha ciudad domir en la mejor suite hotelera de la ciudad, avión privado y limusines para su traslado. Trece personas del COI fueron juzgadas por aceptar y pedir sobornos para dar su voto a Salk Lake City. Según el reglamento interno del COI estos no pueden recibir regalos que superen los 150 dolares, pero se sabe que hasta se contrataron prostitutas para hacer más agradable la visita de estas personas a la ciudad.

En la imagen de abajo vemos a Samaranch el 18 de julio de 1974 alzando el brazo recordando el 38 aniversario del golpe franquista. En aquel entonces Franco seguiá vivo ya que murió al año siguiente.

 

Para profundizar más sobre este personaje, el cual pasará a la historia por decirle a Franco “perdoneme generalísimo por ser catalán”, os dejo un texto y su enlace extraído de la web Kaos en la red.

http://www.kaosenlared.net/noticia/juan-antonio-samaranch-falangista-reciclado

Juan Antonio Samaranch, el falangista reciclado. A la desaparición del general Franco, la amnesia colectiva se fue instalando entre nosotros como por arte de magia, deslizándose bajo las alfombras de los ministerios y de las sedes partidarias. La oposición había legitimado la dictadura al sellar un pacto de silencio que anuló la memoria histórica de las izquierdas españolas, otorgando la dirección del cambio a las élites reformistas del propio franquismo.“Fue designado concejal de Deportes en el Ayuntamiento de Barcelona (1955-1962), organizando en dicha ciudad los II Juegos del Meditérraneo y posteriormente fue designado Delegado Nacional de Educación Física y Deportes (1967). En 1973 fue nombrado presidente de la Diputación Provincial de Barcelona y cuatro años después embajador en la Unión Soviética y Mongolia (1977), momento en que era ya vicepresidente del COI organización en la que ingresó en 1966.” (Fuente:Wikipedia).

Los secuaces del tirano, los cómplices del exterminio, las comparsas de la felonía, acabaron autoindultándose, sin que sus víctimas, hastiadas tras tanta represión, sedientas de democratismo formal, dijeran esta boca es mía. La claque que palmeaba al son que le marcaban desde El Pardo, se acomodó al renovado escenario, aprendiendo a aplaudir al gracejo sevillano, al toque de Cebreros.

La chaquetilla blanca, la camisa azul mahón, la boina roja, tiradas al fondo del armario, sustituidas por impecables trajes de alta costura, permutadas las esencias falangistas por aromas de tortilla campera, vestidas de pana marrón. El baile de disfraces de la oligarquía gatopardista puso coto al fascismo montaraz, salvando los muebles por enésima vez.

La semana pasada, los telediarios ensalzaron sin sonrojo al ex presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Juan Antonio Samaranch, con motivo de la fallida candidatura de la ciudad de Madrid para los Juegos de 2016. Nadie parecía recordar el deshonroso pasado del patriarca venerable de la tribu olímpica. Voy a tomarme la libertad de rememorar los hitos más granados de su currículum:

Si queremos comprender el estatus de Samaranch a partir de los años 50, tenemos que resituarnos en la Barcelona de la posguerra, en la capital vencida del separatismo catalanista, derrotado y sojuzgado en la guerra civil precedente. Juan Antonio Samaranch es uno entre los muchos coraceros imperiales del fascismo, un cachorro del nazismo hispano, un burgués asustado, acorazado tras el uniforme. De repente, comienza a frecuentar ilustres compañías, participando en las correrías nocturnas de importantes prebostes del régimen.

Correveidile de Ramón Serrano Súñer o de Luis Carrero Blanco, por entonces en disputa por los favores del dictador, camarada de farras, de juergas y de vida disipada. España era un erial, un Estado-cárcel-cementerio, mientras los dueños de todas las cosas jugaban a ser señoritos calaveras. El pueblo español moría de hambre y de frío, financiaba con su indigencia el banquete suculento de los salvadores de la patria.

Precipitado a las prebendas del poder, equipado todavía con la indumentaria del Movimiento Nacional, acostumbrado al chalaneo del coche oficial, provisto de carta blanca para hacer lo que le viniera en gana, Samaranch inició un ascenso imparable en la pirámide franquista. El régimen necesitaba cuadros obedientes y eficaces, garantes del orden establecido, dispuestos a emplear cualquier método en defensa de los privilegios obtenidos en la victoria. 

El posterior desarrollo de los acontecimientos históricos ha demostrado el excelente olfato político de nuestro protagonista, capaz de adaptarse a los bandazos de la realidad con una destreza admirable. El mismo Samaranch que celebraba, brazo en ristre, el 18 de julio en 1974, era nombrado tres años después embajador ante la URSS, el sempiterno rival, sin ni siquiera despeinarse la cabellera.

La inmensa mayoría de la nomenklatura franquista apostó a caballo ganador, sumándose a la operación de transmutación de la dictadura en un sistema democrático de corte occidental. Juan Antonio Samaranch, Manuel Fraga, Rodolfo Martín Villa, Juan José Rosón, Torcuato Fernández Miranda, el mismísimo Adolfo Suárez, fueron algunos de los conversos a la fe liberal, algunos de los que enterraron la pistola y los correajes junto al ataúd de Francisco Franco.

Los prohombres de la Falange controlaron la Transición, apuntalando la monarquía Borbón, siguiendo fielmente el guión previsto en Washington DC. Samaranch se desentendió de la pelea electoral y fue consagrándose a nivel internacional. Los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 significaron su apoteosis, el blanqueo definitivo de la juventus escuadrista, de la madurez francofalangista. El fascista no arrepentido, en el cénit de su éxito, comprendió que como el Cid Campeador, el general ferrolano seguía ganando batallas después de muerto.

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